Ray Ban 3546

El stand de la murciana T20 pasaría desapercibido si no fuera por los cinco pases diarios de la instalación Congress topless del francés y residente en Espaa Yann Letto. Es un cubículo que emula un club de striptease. Pido precio y el encargado tiene que rebuscar: 3.000 euros por el neón del título.

Bueno, lo del equívoco de las camisetas pasó en un derby Sevilla Betis sin ir más lejos, y no hace muchos aos además. Al árbitro de turno le sentó mal la siesta o el gin tonic de después de comer, y dijo que las camisetas no se distinguían (la del Sevilla es blanca y la del Betis verdiblanca a listas verticales, por si hay algún despistado). Un empleado del Betis tuvo que ir deprisa y corriendo desde Nervión hasta la Avenida de la Palmera a coger un juego de segundas equipaciones del Betis, con el consiguiente retraso en el comienzo del partido..

A mí siempre me admiró una estadística suya, y es que fue el mejor jugador estadísticamente del mítico (y único y verdadero, aunque se lo hayan querido apropiar otros injustamente) Team en las olimpiadas de Barcelona 92, como yo digo, fue el mejor jugador del mejor equipo de la historia de este deporte. Y no sólo estadísticamente, jugó el torneo en serio, no como algunos de sus compaeros, que fueron a hacer turismo y jugaban como si estuvieran de pachanguita. Así les ha ido con el paso de los aos a los USAnos Espaa a por el oro en Pekín!.

01. Persona o naranja?El t tulo orginal, A clockwork orange, se menciona dos veces en la novela, pero ninguna durante la pel cula. El autor del libro, Anthony Burgess, confes que se derivaba de una antigua expresi n cockney (el argot del sur de Londres), as queer as a clockwork orange , que significa tan raro como una naranja mec nica .

The organizers had stumbled into a conflict that has dogged women’s organizing from the very beginning: Of all the tensions that have coursed through the women’s movement, none has ever been quite so pronounced as the one between white and black women. Consider what happened when Sojourner Truth showed up at a women’s rights convention in Ohio in 1851. Frances Gage, the woman running the show, recalled the scene 12 years later: “The leaders of the movement trembled on seeing a tall, gaunt black woman in a gray dress and white turban, surmounted with an uncouth sunbonnet, march deliberately into the church, walk with the air of a queen up the aisle and take her seat upon the pulpit steps.” A “buzz of disapprobation” spread through the church.

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